La progresiva urbanización de nuestras ciudades, particularmente Bogotá, ha acelerado el asentamiento de familias de procedencia rural en las urbes de nuestro país en el último tiempo, agravándose esta situación por el movimiento de población desplazada por el conflicto armado. Este flujo migratorio ha presionado la formación de cinturones de miseria desprovistos de los bienes y servicios que brinda el Estado.

Las viviendas precarias, la carencia total de los más elementales servicios son una continua amenaza para la vida misma y ocupa a todos los miembros de la familia en la búsqueda de soluciones a los problemas de subsistencia.

En consecuencia, la familia originalmente sólida se torna vulnerable y termina por romperse bajo la presión de las demandas que impone la vida urbana. Estas irregularidades son procesos graduales que generalmente se inician con el abandono de la familia por parte de su jefe o adultos responsables, lo que resulta en el desamparo de los niños, quienes deben sobrevivir por sí mismos en condiciones de privación e incertidumbre.

Estas circunstancias han generado un crecimiento acelerado del problema del niño de la calle, que por una parte se convierte rápidamente en un adulto con responsabilidades, y por el otro se desvincula totalmente de la familia. Así el niño aprende estas reglas de supervivencia en la calle y adquiere patrones del comportamiento de la sub-cultura callejera, prostitución, explotación sexual, conductas delictivas, consumo de psicoactivos, mecanismos ilegales para sobrevivir.

Según el IV Censo sectorial de habitantes de calle Bogotá-Soacha, realizado por el DANE y el programa IDIPRON, el porcentaje de esta población ha aumentado, con relación al total de habitantes de la ciudad. En 1999 los habitantes de calle eran el 0,12 por ciento de la población, hoy este porcentaje llega a 0,18.

En Bogotá se identificaron 13.415 habitantes en situación de calle. De ellos, 8.682 respondieron a este censo. Por tiempo de permanencia, el 76 por ciento dijo llevar más de 6 años deambulando. El 5,2 por ciento lleva tres años, y el 2,2 por ciento dice llevar menos de un año. De otro lado, de acuerdo con un estudio de la Veeduría Distrital y Planeación Nacional, el 75% de quienes reciben atención especializada y la siguen, logran recuperarse.

Las razones para abordar la calle son diversas: problemas familiares (53%); malas amistades o compañías (14%); perdida de la familia (4%); dificultades de desplazamiento forzoso (4%); deserción escolar (1%); otras razones (24%).
Otra situación causante de esta problemática es el bajo acceso a la educación básica por parte de un gran porcentaje de la población, que incide en el aumento del índice de crecimiento demográfico por falta de un control natal adecuado; la proliferación de uniones libres, la iniciación de relaciones sexuales a edades tempranas (12, 13 años niñas) (14,15 años niños) y los cambios permanentes de pareja, son otras causas que tienen como consecuencia el abandono de hijos engendrados irresponsablemente.

Los índices de violencia intrafamiliar son tan altos, que los casos de niños maltratados continúan aumentando; un 87% de dictámenes de delitos sexuales reportados en el Instituto de Medicina Legal corresponden a niños menores de 19 años. Aunque no existe un censo sobre niños y niñas pobladores de la calle, se estima que entre 15.000 y 30.000 se encuentran en esta situación de maltrato y exclusión social. Este panorama muestra una flagrante vulneración de los derechos fundamentales de la población infantil.

Debido a este aumento de población en situación de calle en la ciudad de Bogotá, la Fundación no ahorra esfuerzos en dedicar su capacidad técnica y administrativa al desarrollo de Programas y Servicios cuyo objetivo es restituir y defender los derechos fundamentales de una población que día a día crece y necesita del apoyo y colaboración de todos los sectores tanto gubernamentales como de la sociedad civil.