Amigos para Siempre

El tercer encuentro de egresados de la fundación Niños de los Andes fue un gran éxito. El sábado 26 de Agosto d oscientas treinta personas inundaron de alegría el salón comunal del barrio Gustavo Restrepo, al sur de la ciudad.

En toda una fiesta se convirtió este evento organizado por el equipo interdisciplinario, al que asistieron masivamente muchos de los jóvenes y adultos que han pasado por la fundación junto con sus familias. Fue una tarde llena de color, risas, abrazos y muchos recuerdos.

A las doce del medio día comenzaron a llegar los invitados, niños del pasado, hoy convertidos en adultos. Fue una ocasión especial en que los antiguos compañeros de vida se reencontraron para revivir momentos de su infancia en Cajicá o en la Sede La Esperanza , una casa grande que para muchos de ellos fue lo más parecido a un hogar feliz.

La gran mayoría vinieron con sus hijos, nueva generación afortunada que ha podido disfrutar el resultado de los nuevos valores aprendidos por sus padres. Vimos repetidas muestras de afecto, cuidado y amor responsable por parte de estos papas y mamas algo precoces que asumieron su rol con madurez e increíble sentido de pertenencia. Los bebés y niños tuvieron su propio espacio, las profesoras de la fundación improvisaron un jardín infantil en el patio donde los pequeños, con la cara pintada, sonreían y hacían nuevos amigos entre juegos de rompecabezas y póngale la cola al burro. Una vez más confirmamos que bien vale la pena el esfuerzo que hacemos por reeducar estos jóvenes y que con buen trato, cariño y formación es posible romper el triste patrón de maltrato y abandono.

Mientras tanto, en el salón principal sus padres gozaban de uno de sus planes favoritos; observaban la proyección de fotografías de un álbum de recuerdos preparado para ellos, con la precaución de no omitir casi a ninguno. Después de muchos años seguían reconociendo sus rostros y los de tantos otros que compartieron su estadía en la fundación. Recordaron sus primeros benefactores, sus educadores, los visitantes asiduos de las sedes y también varios lugares que pudieron conocer en su infancia y adolescencia.


Lo bueno de la fiesta comenzó con una competencia de reggaeton. El movimiento de caderas, talento en el que son expertos innatos no se hizo esperar entre los asistentes, que salieron a la improvisada pista de baile donde una bicicleta cero kilómetros los esperaba como premio... Todos aprovecharon para abrasarse con sus viejos amigos y maestros, presentaron a sus familias y agradecieron de nuevo la vida que les devolvió la fundación.

Un delicioso arroz con pollo sirvió para seguir con los recuerdos, más imágenes aparecieron en la pantalla y más vivencias inundaron sus memorias. Fue una tarde especial en la que disfrutaron de la amistad, una tarde que se repetirá el próximo año y muy seguramente nunca olvidarán.